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El trastorno de ansiedad social

Casi cualquiera conoce a alguien que odia hablar en público, o se sonroja al convertirse en el centro de atención, o padece al participar en fiestas o eventos multitudinarios, o se escabulle cuando le intentan presentar a alguien, o rehuye las citas, o se excusa para no tener que relacionarse con otras personas por cuestiones administrativas o comerciales, o teme actuar de un modo que le resulte humillante o embarazoso… ¿Pero se trata de mera timidez o hay algo más? ¿Cómo saberlo?

En el artículo de este blog “Miedo y fobia” se habla de la variación de intensidad de la emoción como criterio distintivo, es decir, que se indica que la diferencia entre ambos fenómenos es solo cuantitativa. Puede entenderse esto fácilmente si imaginamos que un sonido a un volumen bajo puede resultar tolerable, pero ser un ruido insoportable si aumentamos los decibelios lo suficiente. Así, análogamente, la timidez constituiría un miedo de baja intensidad, mientras que el trastorno de ansiedad social aparecería al “elevar el volumen” de ese miedo de modo que se traspasara el umbral de los dominios de la fobia.

Por tanto, un primer criterio diagnóstico debe apelar a la intensidad y persistencia del temor a uno o varios de los estímulos mencionados al principio (que en modo alguno son todos los posibles). En segundo lugar, debe haber una respuesta más o menos inmediata de ansiedad —que puede llegar hasta el ataque de pánico— al exponerse a tales situaciones. Todo esto acaba generando comportamientos de evitación que también ayudan a la hora de determinar si el malestar alcanza lo patológico. Al contrario que en otras enfermedades mentales, en este caso los individuos son conscientes de que su conducta es irracional e injustificada, pero, sin embargo, no pueden evitar que la fobia interfiera significativamente en su rutina de un modo u otro.

Como se apunta también en el primer artículo sobre la fobia específica, la evaluación en el caso de los menores es algo más complicada, ya que además de no ser conscientes de que su miedo no tiene razón de ser, es necesario aclarar primero el modo en que expresan la ansiedad y estar seguros de que efectivamente sienten un terror exagerado cuando están con individuos de su misma edad.

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas: existen comportamientos que están a medio camino entre el simple rasgo de personalidad y lo patológico; el número de situaciones que pueden subsumirse en el vago concepto de “lo social” es alto; otros trastornos de ansiedad presentan sintomatologías muy similares. Todo ello dificulta muchas veces la identificación de un posible trastorno de ansiedad social, motivo por el cual es necesario ponerse en manos de especialistas como los de Terapium, cuya experiencia y profesionalidad les permite diagnosticar con corrección y abordar la situación con las soluciones terapéuticas más adecuadas en cada caso.