En el artículo anterior dedicado a este tipo de fobia se habló sobre los criterios para distinguirla de otros trastornos similares. Sin embargo, no quedó muy claro cuál podría ser el objeto u objetos de los miedos, ya que el adjetivo “específica” solo informa del modo en que se padece, pero nada dice sobre el contenido de ese sufrimiento.
Existen al menos un par de clasificaciones de las fobias específicas que son relevantes. Como en otras ocasiones, aquí se seguirá el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V), aunque ordenando los tipos según la frecuencia de su diagnóstico, de mayor a menor:
Situacional. De nuevo un adjetivo un tanto vago que no es muy útil para determinar a qué especificidades se refiere la fobia en este caso. Se suelen incluir aquí las circunstancias en las que están involucrados ciertos medios de transporte, como coches, aviones o trenes, así como ciertos lugares como túneles, puentes, ascensores o recintos cerrados en general (lo cual anima a incluir aquí la claustrofobia, aunque el DSM-V no lo menciona).
Ambiental. En este caso se agrupan las fobias a los fenómenos atmosféricos como las tormentas; a los accidentes geográficos o los lugares potencialmente peligrosos, como los precipicios o, en general, las alturas (como ocurre en la acrofobia); y a los medios naturales como el agua (los que padecen hidrofobia pueden temer no solo ahogarse en el mar o en un río, sino simplemente ducharse o beber agua).
Sangre-inyecciones-daño. Al contrario que en el tipo situacional, en esta ocasión no hay dudas sobre el objeto de la fobia: la visión de la sangre o las heridas y el temor a recibir inyecciones o sufrir alguna intervención de carácter invasivo. Es prácticamente universal la respuesta vasovagal —es decir, los mareos y desmayos— asociada a este trastorno, lo cual no deja de ser curioso, puesto que la ansiedad suele provocar un aumento de la tensión arterial.
Animal. Contrariamente a lo que se podría pensar a priori, el temor irracional a animales e insectos es de los menos comunes. La razón de ello es que en muchos de los casos no existe una verdadera fobia, sino un grado menor de esa emoción. A ese respecto vale la pena repasar la distinción entre miedo y fobia descrita en un artículo anterior de este blog.
Otros tipos. Bajo esta denominación se encuentran las conductas patológicas de pánico relacionadas con una diversidad de situaciones que no encajan con el resto de tipos, como por ejemplo: las circunstancias que pueden conducir al atragantamiento, al vómito o a la adquisición de una enfermedad; el miedo a caerse en ausencia de paredes u otros elementos de sujeción; el terror que experimentan algunos niños ante personas disfrazadas o sonidos con un volumen exagerado.