Es común que coloquialmente se usen las palabras “ansiedad” y “angustia” de forma imprecisa, como si fueran intercambiables o sinónimas. Tal cosa no sería demasiado grave si esa ambigüedad se restringiera a un ámbito vulgar, pero por desgracia esto no es exactamente así. Por tanto, resulta recomendable y muy útil, realizar un pequeño excurso terminológico y taxonómico para intentar clarificar un poco la situación y disponer de criterios efectivos para emplear y entender los conceptos de la forma más inequívoca posible.

Si uno se toma la pequeña molestia de investigar el asunto en el Diccionario de la Real Academia, se llevará un chasco al comprobar la circularidad de las definiciones, es decir, el hecho de que se define la angustia como ansiedad y esta, a su vez, como un tipo de angustia. Al rastrear el origen de los términos se descubre por qué esto es así, pues resulta que ambos derivan de la raíz indoeuropea angh-, que en latín evolucionó en un par de formas ligeramente distintas. El vocablo angustus tuvo en sus inicios una referencia objetiva, física: un desfiladero profundo y estrecho (angosto). Con el tiempo, el significado se tornó abstracto al asociarse con la emoción que producía el hecho de tener que soslayar ese tipo de accidente geográfico (un encogimiento o angostura del corazón, típicos de las situaciones en las que se está en peligro). Por otro lado, el verbo angere —que significa estrechar u oprimir y cuyas similitudes morfológicas con el término recién citado son obvias— se adjetivó en la forma anxius, ansioso, que a su vez dio lugar a anxietas, o sea, aquello que se tiene cuando uno está ansioso: ansiedad.

Ya en la época de autores clásicos como Cicerón o Virgilio el empleo de estos términos adolecía de cierta indeterminación para referirse a la constricción o al sufrimiento. Con el paso de los siglos, la confusión semántica asociada pervivió en las lenguas románicas hasta llegar a nuestros días, a pesar del advenimiento de la psicología y la psiquiatría, desde las cuales se ha procurado clarificar y sistematizar un cierto uso. En efecto, esto no ha sido fácil debido a que en alemán y en inglés —referentes de primer orden para esto, igual que para otras tantas cosas— la cuestión funciona de un modo algo diferente. En ambas lenguas sólo existe una sola palabra que recoja la riqueza conceptual de la que se está hablando: si Sigmund Freud popularizó el término germano angst, en inglés es la palabra anxiety la que aglutina toda la variedad de connotaciones. Los problemas derivados de la traducción de uno y otro término, así como la difícil equiparación y adaptación a los sinónimos que existen en castellano (también en francés) sólo hicieron que aumentar la incertidumbre en relación al significado y al uso de “ansidedad” y “angustia”.

En los artículos de este blog se va a seguir a este respecto el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V), texto de referencia internacional en este ámbito, donde la angustia es un tipo de trastorno de ansiedad asociado a episodios breves de pánico intenso, mientras que el concepto de ansiedad, se reserva para describir fenómenos más complejos, de etiología muy diversa y que abarcan una gran variedad de síntomas, como podrá apreciarse en próximos artículos.