La agorafobia

Que la etimología suele producir sesudas y sorprendentes interpretaciones semánticas no es algo que deba extrañar, sobre todo cuando se trata de términos de origen griego como el que nos ocupa en este caso. Se ha hablado en otro artículo de este blog del significado de phobia, así que toca aquí decir algo sobre agora, palabra con la que se designaba la plaza o el mercado de las polis de la antigua Grecia. No se trataba meramente de un lugar público, sino del punto en el que se reunía la asamblea para deliberar ciertos asuntos de interés común. Teniendo en cuenta esto, se podría estar tentado a darle al término “agorafobia” un origen político, como si denotara una aversión a dialogar y participar en la vida de la ciudad. Otra posible definición —muy extendida en la actualidad— podría estar relacionada no con lo que se hacía en ese sitio, sino con el espacio mismo, es decir, que se estaría hablando de un miedo al lugar público y, en general, de un temor a los espacios abiertos. Sin embargo, ambas interpretaciones son erróneas. El vocablo está formado por dos palabras muy antiguas, cierto, pero es un neologismo introducido muy tardíamente. Concretamente, fue el neurólogo y psiquiatra alemán Karl Friedrich Otto Westphal (1833-1890) quien lo empleó por primera vez en su Archivo de psiquiatría y enfermedades nerviosas, publicado en 1872, de modo que nació en un contexto eminentemente médico y evolucionó en ámbitos científicos hasta adquirir el significado que hoy en día tiene.

Tal como se la entiende en los manuales de psiquiatría modernos, la agorafobia es un trastorno de ansiedad que aparece en lugares donde escapar puede resultar difícil o embarazoso y en los que puede no disponerse de ayuda en caso de aparecer una crisis de angustia. Esta ansiedad, en tanto que posee un componente de anticipación, puede conducir a adoptar comportamientos de evitación típicos, que son los que han dado lugar a la creencia popular de que la agorafobia solo se refiere a espacios abiertos, cuando en realidad un agorafóbico puede temer, además, quedarse solo en casa, estar en un avión o un ascensor, perderse en una multitud, etc. De la definición dada se desprende que el objeto del temor en este tipo de fobia es la ansiedad misma, en particular el miedo a tener un ataque de pánico, que, como se vio en el artículo correspondiente, es el grado sumo de la ansiedad, especialmente aparatoso e inhabilitante. En ocasiones, surge aquí un característico círculo vicioso, verdaderamente molesto, del cual es difícil escapar y que es el responsable de que muchos hayan definido la agorafobia como el miedo al miedo: el temor a sufrir una crisis de angustia hace aumentar la ansiedad, con lo cual se tiene una razón objetiva para temer aún más el ataque de pánico, lo cual vuelve a aumentar el nivel de ansiedad y así sucesivamente.

El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, al cual nos hemos referido en otras ocasiones aquí, señala que la agorafobia puede aparecer en el trastorno de angustia con agorafobia y en la agorafobia sin historia de trastorno de angustia, lo cual es al mismo tiempo obvio y confuso. La cuestión es que, además, la agorafobia aparece en diversos trastornos de ansiedad y resulta bastante complicado realizar un diagnóstico preciso. Por ello, es necesario ponerse en manos de profesionales ante la aparición de cualquiera de los síntomas descritos. En Terapium disponemos de un equipo perfectamente capacitado para detectar, diagnosticar y comprender los diversos trastornos relacionados con la agorafobia, siempre teniendo en cuenta las características únicas de cada individuo a la hora de elaborar un plan terapéutico.