El trastorno por estrés postraumático o TEPT

Es un trastorno de ansiedad que se caracteriza porque la persona experimenta síntomas específicos tras haber vivido un acontecimiento estresante, extremadamente traumático, que implica un daño físico o es extraordinariamente amenazador o catastrófico.

Los síntomas se agrupan en tres bloques:
– Reexperimentación: se revive la experiencia traumática en forma de imágenes, recuerdos involuntarios y pesadillas (flashbacks).

– Evitación/bloqueo: Las victimas evitan las situaciones o los lugares asociados al hecho traumático, incluso se niegan a hablar de lo ocurrido, con el objetivo de evitar la reexperimentación. Además se bloquean todos los sentimientos, positivos y negativos, y por tanto se deterioran las relaciones personales.

– Hiperactivación fisiológica: Los pacientes con TEPT muestran una respuesta de sobresalto exageradas, hipervigilancia, insomnio, irritación, dificultades de concentración, etc.

El estrés postraumático no remite de manera espontánea, aunque pase el tiempo, es necesario el tratamiento psicológico profesional.

Los objetivos del tratamiento del TEPT, van dirigidos a:
– Reducir los síntomas
– Prevenir las complicaciones crónicas
– Rehabilitación social y ocupacional.

Además, el TEPT puede asociarse a otros problemas, que requieran también ser abordados en el contexto de un tratamiento integrado.

El tratamiento se adapta a cada persona en función de sus características y las de los hechos traumáticos: no produce las mismas secuelas una agresión sexual, que una catástrofe natural o un accidente de tráfico. Si el trauma se produce en un ambiente identificado por la víctima como “seguro” (como el maltrato de la pareja o la violencia en la escuela) el TEPT es más intenso. Asimismo, un «accidente» que se percibe como intencionado o evitable es más traumatizante.

Los tratamientos que se han demostrado más eficaces en el tratamiento específico del estrés postraumático son los basados en procedimientos cognitivo-conductuales. 

Las técnicas que han demostrado mayor eficiencia son las siguientes:

  • Recursos de contención, generar el espacio y lugar para que el paciente se sienta atendido y entendido, pueda expresarse libremente y descargar sus miedos o inquietudes.
  • EMDR (Eye Movement Desensibilization and Reprocessing): Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares. Esta técnica (desarrollada por Francine Shapiro en 1987) se basa en la premisa de que el evento traumático se almacena en la memoria sin haber sido procesada, manteniendo bloqueadas las cogniciones, conductas y emociones acerca del mismo. La EMDR facilitaría el reprocesamiento del recuerdo traumático, mediante la reconstrucción cognitiva del suceso mientras se induce al paciente alguna forma de estimulación bilateral (movimientos oculares, audición de sonidos, tacto). La estimulación bilateral facilita la conexión entre los dos hemisferios cerebrales logrando el procesamiento de la información y la disminución de la carga emocional.
  • Informar al paciente sobre la naturaleza del estrés postraumático: mecanismos básicos, funcionalidad y disfuncionalidad, explicación sobre los síntomas y su alcance, relaciones entre pensamiento, emoción y acción.
  • Medicación (siempre prescrita por un psiquiatra) normalmente en combinación y como apoyo del tratamiento psicológico. Los medicamentos que se han demostrado más eficaces son los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS) y los antagonistas de receptores 5-HT2 (nefazodona).
  • Identificar y neutralizar los procedimientos contraproducentes utilizados por el paciente como “mecanismos de defensa o para regular su problema” pero que, en realidad, contribuyen, no a la solución, sino al mantenimiento del problema.
  • Entrenamiento en relajación: respiración diafragmática lenta y relajación muscular progresiva.
  • Exposición controlada y progresiva a situaciones temidas, normalmente de forma imaginaria. La exposición en un primer momento activa el miedo presente en los recuerdos traumáticos, después permite al paciente tener una experiencia correctora en ausencia de consecuencias aversivas.
  • Técnicas cognitivas: reestructuración de interpretaciones catastróficas, control de pensamientos automáticos, gestión de la culpa, corrección de la sobreestimación de la probabilidad de que ocurra un hecho negativo. Para favorecer estos cambios es frecuente utilizar ejercicios estructurados, “experimentos conductuales», cuestionamiento de hipótesis mediante «diálogo socrático» o contrastes con la evidencia, etc.
  • Optimizar los apoyos sociales y afectivos. Comunicar los hechos y vivencias traumáticas
  • Desarrollar habilidades de afrontamiento para situaciones específicas. Poniendo el acento en lo que la persona desea que pase, y no en evitar lo que no quiere que ocurra, en una situación dada.
  • Grupos y o materiales de autoayuda, como complemento de la terapia.

El tratamiento suele ser en formato individual, aunque en ocasiones, dependiendo del caso y del momento, puede estar indicada la terapia grupal. La duración de los tratamientos oscila normalmente entre seis meses y un año. Algunos casos, en que el TEPT se haya cronificado, pueden requerir tratamiento más largo.

Es importante la atención precoz para la prevención del trastorno. Las manifestaciones del estrés postraumático suelen aparecer durante las semanas después de los sucesos desencadenantes. Diversos estudios indican que si en ese periodo de tiempo los afectados reciben tratamiento se reduce notablemente la posibilidad de desarrollar el trastorno.

El Programa Avanzado para de Terapium Barcelona para el Tratamiento Integral del TEPT (PATTI-TEPT), impartido por profesionales expertos, utiliza las técnicas que se han demostrado más eficaces para la prevención y resolución del trastorno.

Susanna García Vila
Psicóloga
Formada en el tratamiento del TEPT en el Arbour-HRI Hospital de Boston