Consideraciones etimológicas

La palabra “narcisismo” proviene de un nombre propio de la mitología griega. Existen diversas versiones del mito de Narciso, pero quizá la más conocida sea la que el romano Ovidio relató en el su obra Las metamorfosis.

La náyade Liríope, raptada y violada por el dios Cefiso, dio a luz a un joven de una belleza inigualable, cuyo destino iba a ser provocar grandes pasiones, tanto de dioses como de mortales. Condenado a enamorar a los otros sin ser capaz de corresponderles, Narciso provocó un gran dolor. Una de las personas heridas por su actitud fue la ninfa Eco, a quien rechazó cruelmente. Tentado por Afrodita en algunas versiones de la tragedia o por Némesis, diosa de la venganza, en otras, Narciso se vio reflejado en el agua y quedó tan fascinado por su propia imagen que se enajenó, olvidándose del mundo, de los otros y de sí mismo. Consumido por la parálisis de la contemplación absorta o ahogado en las aguas tras intentar abrazar su propio reflejo, la vida de Narciso, castigado por los dioses a causa de su orgullo, llegó a su fin.

Características de la persona narcisista

Como se ha visto, el mito enseña que las personas narcisistas están tan ensimismadas en su propia supuesta grandiosidad que no tienen tiempo de ocuparse de los otros. Sobre todo, no son capaces de ponerse en el lugar de los demás y reflexionar o sentir desde un punto de vista diferente al suyo. Esto es exactamente lo que significa ser egocéntrico, es decir, no solo poner al yo en el centro de la existencia, sino, también, no ser capaz de descentrarse, en el sentido de alejarse de sí para comprender las cosas desde otro lugar. Es por ello que no son capaces de tener en cuenta los deseos y necesidades de los demás y, por tanto, tampoco son compasivas.

Podría pensarse que un tipo de personas así están abocadas a una existencia solitaria y feliz, pero a pesar de todo, no son autosuficientes, porque necesitan imperiosamente ser admirada; por tanto, suelen ser sociables y rodearse de otras personas de las cuales esperan alabanzas y elogios de todo tipo. Para asegurarse de eso sobrevaloran sus capacidades y exageran sus conocimientos, lo cual las convierte en personas sumamente jactanciosas y presumidas; y no es meramente una cuestión táctica para llamar la atención, sino que creen de verdad que son superiores, especiales o únicas, de modo que desarrollan, de forma irracional, expectativas de recibir un trato de favor especial. Así, su mundo interior está continuamente habitado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza y amor imaginarios

Detrás de este imponente espejismo, sin embargo, lo que hay es una autoestima frágil y una complicada maquinaria psicológica que intenta compensar antiguas y olvidadas inferioridades. El problema es que la pretenciosidad de las personas narcisistas, combinada con su falta de empatía, las empuja a utilizar y explotar a los otros, consciente o inconscientemente.

Comportamiento afectivo

La capacidad de amar de las personas tiene un límite y lo más saludable es encontrar un cierto equilibrio entre el amor que se da a los otros (familia, amigos, parejas) y el que hay que guardar para sí. En las personas narcisistas esta gestión está completamente pervertida: como toda la energía está puesta en ellas mismas, menosprecian afectivamente al resto, cosa que es especialmente dañina en el caso de las posibles parejas. Incapaces de querer y reconocer al prójimo, se entregan al egoísmo y la manipulación sin medida. Por un lado, son abusivas y arbitrarias en el manejo de los bienes y emociones que deben compartir y, por otro, tratan a sus compañeros o compañeras como medios que justifican el más importante fin que pueden concebir: ellas mismas. Para eso recurren, si es necesario, al chantaje mediante la culpa, la seducción o el miedo.

La hipertrofia de un injustificado sentimiento de superioridad acaba convenciendo a las personas con trastorno narcisista de la personalidad de que sus parejas son increíblemente afortunadas de estar con ellas. Al mismo tiempo, sin embargo, manifiestan una gran sensibilidad a la crítica: si se les pone algún pero a sus sueños de grandeza pueden reaccionar como si hubieran sido gravemente atacadas, cuestionando a la persona supuestamente agresora. Es lo que se conoce como insulto narcisista, que, en el caso de que vaya dirigido a la pareja puede ser verbalizado con las palabras “si me criticas es que no me amas”.

Tipología de las posibles parejas

Como ocurría en el trastorno histriónico, las personas narcisistas suelen poseer de entrada un gran magnetismo, lo cual es lógico si se considera que para ellas la vida afectiva funciona como el sistema solar, con ellas en el centro mientras el resto de los mortales debe conformarse con el rol de planeta. Así, un tipo de persona candidata a engancharse en una relación con alguien narcisista es aquella que tiene vocación de satélite y necesita resarcirse de un pasado afectivo gris para desterrar la sensación de soledad.

Luego, hay un tipo de personas que necesitan identificarse con alguien con unas características que suponen deseables y que ellas no tienen. Buscan alguien a quien admirar, lo cual no es algo malo en sí mismo, aunque si la idolatría es el único ingrediente que van a aportar a la relación, es muy posible que las cosas no acaben de funcionar: rendir culto no es lo mismo que amar.

La relación tóxica por excelencia en este caso se produce cuando en el camino de una persona narcisista se cruza otra que necesita dar amor desesperadamente. El resultado es imaginable: un círculo vicioso en toda regla, porque dar amor a manos llenas sin recibir nada a cambio reafirma a quien padece el trastorno, receptor nato y pésimo dador de afecto, pues en su esquema no existe el concepto de reciprocidad.

Recomendaciones y advertencias

Quien quiera mantener una relación con alguien narcisista adoptando una estrategia blanda, es decir, convirtiéndose en un súbdito manso y paciente, debe aprender a tragarse el orgullo y cuidar de que su autoestima no acabe por los suelos por comparación. En cambio, oponerse a la supremacía de una persona narcisista e intentar convencerla de que no es tan especial como ella cree, puede acabar en crisis, dependiendo de lo dispuesto que esté el Narciso de turno a ceder el poder.

Las personalidades de los seres humanos son una mezcla de rasgos que conviven en diversas proporciones, lo cual les otorga una infinita diversidad. Aislar uno de esos rasgos y convertirlo en un arquetipo es una operación teórica de cuya utilidad se percataron tanto los creadores de mitos de la antigüedad, como los estudiosos contemporáneos de las ciencias “psi”. Por tanto, es normal que muchas personas se sientan identificadas con alguna de las características explicadas aquí, pero eso no significa que padezcan un trastorno de la personalidad. Para estar seguros de que un desequilibrio es realmente patológico debe observarse que muchos de los criterios diagnósticos descritos son persistentes, inflexibles y ocasionan un deterioro funcional o malestar subjetivo.