Puede considerarse que la psicología se fundó, desde un punto de vista conceptual, en tres ocasiones distintas, aunque relativamente cercanas en el tiempo, pues todas ellas tuvieron lugar en los últimos veinte años del siglo XIX. Cada uno de estos momentos fundacionales está ligado a un autor, a un propósito y a determinados marcos conceptuales. Así, puede considerarse a Wilhelm Wundt el iniciador de la psicología de la conciencia, continuadora de la tradición filosófica acerca del tema, que perseguía el estudio introspectivo de la mente del adulto humano “normal”. William James, en cambio, impulsó la psicología de la adaptación, para la que la clave consistía en dilucidar, desde un punto de vista biológico, cuál era la utilidad evolutiva de la mente y la conducta humanas. Sin embargo, fueron Sigmund Freud y su psicología del inconsciente los que alcanzaron más notoriedad en aquella época, ya que, en su intento de arrojar luz sobre la parte oculta e inquietante de la naturaleza humana, provocó rechazo y admiración a partes iguales.

Así pues, este último investigador, en su tentativa de desentrañar los misterios de la esfera patológica de la psique humana, postuló la existencia de dos espacios mentales separados, aunque limítrofes: la conciencia, en la que las ideas y los diversos procesos mentales ordinarios (sensación, percepción y conocimiento, básicamente) ocurrían a la luz del día, por así decir; y el inconsciente, una zona oscura habitada por vivencias sepultadas de la infancia (traumas) y residuos de la época primitiva de la especie (tabúes), que tomaban la forma de impulsos e ideas repugnantes o intolerables en algún sentido. Propuso que, para que tales fantasmas no afloraran a la conciencia, todo individuo debía poseer un mecanismo represor que procuraba —infructuosamente— mantenerlos a raya y que, de ese modo, se erigía como auténtica frontera entre las dos realidades mentales. Sin embargo, este proceso tenía efectos determinantes sobre el lado consciente, que pasó a ser considerado por la teoría freudiana como mera consecuencia de la vorágine inconsciente y los penosos intentos de reprimirla. De este modo, la piscología quedó redefinida con la incorporación del estudio de la personalidad, la motivación y la psicopatología.

En la búsqueda de un elemento que enarbolar contra los que consideraban poco científica la teoría freudiana y que reuniese las características de universalidad y fundamentación en procesos fisiológicos, nuestro autor encontró que el comportamiento sexual podía ser la clave en la mayoría de ideas reprimidas del inconsciente. El sexo era común a todo individuo de toda época, era una pulsión necesaria, pero que se podía reprimir sin que el organismo dejara de funcionar (como sí ocurre si dejamos de comer o beber), y tenía la suficiente fuerza como para sustraerse parcialmente a la represión. ¿Qué forma adoptaban, pues, esas ideas inaceptables en la vida consciente? Para Freud, los síntomas neuróticos, los sueños y los actos fallidos eran expresiones del inconsciente, la forma en que aquellas ideas terribles habían conseguido escapar a la censura represora de la conciencia.

En un principio, Freud constató que era posible explorar el inconsciente mediante la hipnosis, pero más tarde, descubrió que también era posible hacer lo mismo mediante charlas desinhibidas y guiadas por la interpretación del terapeuta, cosa que dio lugar al método psicoanalítico. Desde entonces, los diversos discípulos de Freud, aportaron nuevas ideas que hicieron evolucionar el corpus freudiano de muy diversas maneras.

Los profesionales de Terapium, como no podía ser de otra manera, conocen todos los recovecos de la teoría psicoanalítica y son capaces, llegado el momento, de valerse de enfoques o técnicas basadas en ella, siempre con la vista puesta en lograr que su acción terapéutica sea lo más efectiva y adecuada posible.