Por fortuna últimamente se escucha a más personas que hacen referencia a las teorías del apego cuando hablan de temas educativos o de crianza de sus hijos. Aunque la expresión «crianza con apego» parezca novedosa y revolucionaria, es algo de lo más instintivo y no sólo eso, sino que todo tipo de crianza lleva consigo un patrón de apego. Ahora bien, ¿a qué se hace referencia cuando se habla de apego?
El apego es el vínculo que se establece entre el bebé y la principal figura proveedora de cuidados, que al menos durante el primer año de vida, suele ser la madre. Ese vínculo entre madre e hijo es una relación especial, un lazo afectivo que impulsa a ambos a estar juntos en espacio y tiempo. De este modo, la principal función del apego es asegurar la supervivencia, ya que a través de esa relación, se cubren las necesidades del bebé, que durante esta etapa de la vida es totalmente dependiente de su figura de apego.
El psicólogo John Bowlby, ya en 1969-82 fue el primero en estudiar el fenómeno del apego. Para él, en consonancia con lo que se acaba de mencionar en el párrafo anterior, al mantener la cercanía con el cuidador, se aumentan las probabilidades de estar protegido contra el daño
Cuando Bowlby habla de apego, no sólo se refiere a que debe haber una proximidad en el espacio-tiempo entre la madre y el bebé, sino que va más allá y señala que la madre debe ser sensible a las demandas del bebé y estar disponible para cubrir las necesidades de éste cada vez que lo necesite. De esta forma, las madres que sepan identificar las necesidades de sus hijos y estén disponibles para cubrirlas, proporcionarán una base segura.
Poco a poco, el bebé irá internalizando este modelo de apego y condicionando de alguna forma la manera que después tendrá de relacionarse con el mundo.
Posteriormente, son varios los autores que han mostrado interés en el estudio del apego. Una de las autoras más relevantes al respecto es Mary Ainsworth. Esta autora, a través del experimento conocido como «situación extraña (para ver el experimento visitar: https://youtu.be/Lm1SUqocZm0), encontró tres tipos de apego diferentes. En dicho experimento, Ainsworth observa la interacción entre madres e hijos en una situación de juego. Tras unos minutos jugando, la madre sale de la sala y al rato regresa. Ainsworth se fija en la reacción del niño tanto cuando la madre se marcha como cuando vuelve, siendo clave ese último momento. Esto fue lo que encontró:
Apego seguro
Los niños con apego seguro jugaban interactuando con la madre pero guardando cierta independencia. Cuando la madre salía podían llorar o no, pero al regresar la recibían con alegría y, si estaban llorando, eran capaces de calmarse rápidamente y continuar con su actividad de juego. Estos niños, de bebés, han aprendido que su principal figura de apego está ahí cada vez que lo necesitan, por lo que han ido construyendo el esquema de que pueden estar seguros. A su vez, extrapolan esta idea al mundo exterior, de manera que lo exploran y se relacionan con este de forma segura.
Apego evitativo
Este grupo se caracterizaba por jugar sin interactuar con la madre, no se ven afectados cuando esta se marcha pero tampoco cuando vuelve. Las madres de estos niños se caracterizan por ser madres emocionalmente frías que normalmente no están disponibles a las necesidades de sus hijos. Por tanto, estos niños van desarrollando la idea de que el mundo es hostil, que no hay nada que les pueda ayudar. De mayores, son personas que aparentan una seguridad que realmente es ficticia, ya que lo que hay de fondo es una visión de los demás como personas en las que no se puede confiar.
Apego ambivalente
En este caso, los niños interactuaban con la madre pero de una forma menos independiente. Lloraban desconsoladamente cuando esta salía de la sala y mostraban conductas de acercamiento y de rechazo a la vez cuando regresaban. Son niños cuyas madres han estado disponibles de manera inconstante. Genera comportamientos de dependencia, ya que al no poder predecir cuándo estará su madre, aumentan la intensidad de sus demandas (por ejemplo llorando más fuerte) con el fin de asegurar la atención y cuidados de sus madres. Se convierten en personas inseguras y generalmente con pocas habilidades sociales.
Como se puede observar, son patrones que marcan significativamente el modo en el que las personas se enfrentan al mundo. Entre otras cosas, los estudios muestran que el apego tiene efectos en el rendimiento escolar. Así, los apegos ambivalentes y evitativos, se relacionan más frecuentemente con bajo rendimiento escolar. Del mismo modo, números estudios muestran la relación entre el apego seguro y la estabilidad emocional en niños y adolescentes.
Desde Terapium, centro de Asesoramiento Familiar, psicología infantil y de adolescentes en Barcelona, hemos podido observar como muchas de las dificultades emocionales de niños/as y adolescentes están relacionadas con dificultades con el apego o vínculo con sus figuras de cuidado principales.
Cómo lo trabajamos las dificultades del vínculo o apego desde TERAPIUM, Centro de Asesoramiento Familiar y Atención Infanto Juvenil:
Desde TERAPIUM lo trabajamos en tres fases:
FASE 1: Diagnóstico.
Lo primero que realizamos es un estudio exhaustivo del caso/familia. Para ello resulta muy importante poder ver a los diferentes miembros de la familia, en ocasiones conjuntamente y en otras por separado.
Resulta imprescindible localizar la causa del problema, es decir, buscar los factores que han causado el que se haya producido un apego no-seguro.
En ocasiones puede ser sencillo porque las causas son evidentes y las propias figuras paternales son capaces de localizarlas de forma rápida. En otros sin embargo, los progenitores no son conscientes de qué puede haber pasado.
FASE 2: Plan terapéutico
Una vez localizada los factores que estar relacionados con la causa del problema, se diseña un plan terapéutico conjuntamente con el menor y su familia. Para TERAPIUM, es muy importante que todos los miembros (incluidos los profesionales) trabajemos con objetivos comunes, y éstos han de ser entendidos por todos los miembros de forma clara. Es importante también saber el por qué hemos de modificar ciertos comportamientos y qué es lo que vamos a conseguir con ellos.
Los objetivos fundamentales son:
– reducir la sintomatología que pueda presentar el menor.
– Disminuir /eliminar las “conductas problemáticas” que presenta el/la menor.
– Modificar/cambiar las pautas educativas.
– Sensibilizar a las figuras cuidadoras sobre las necesidades emocionales del menor.
– Dar respuesta, por parte de las figuras parentales, a esas necesidades detectadas de/la menor.
– Implantar progresivamente una relación paterno filial basada en un apego seguro.
FASE 3: Evaluación de mejoras y prevención
Una vez conseguidos los objetivos marcados, se evalúan conjuntamente con el núcleo familiar los resultados.
Para TERAPIUM es importante la prevención, es decir, localizar aquellas conductas que han llevado al desarrollo del problema, e intentar mantener los cambios realizados a largo plazo, como garantía de que estos cambios se transformen en una nueva dinámica familiar más adaptada a las necesidades del menor.
Desde TERAPIUM, un equipo de profesionales situados en Barcelona, y expertos en Terapia infantil y Terapia con adolescentes y sus familias, estaremos encantados de escuchar su caso y asesorarle en lo que pueda necesitar.
Pueden contactar con nosotros en: info@terapiumbcn.com